Los druidas de los pueblos celtas

imagen celta
Acerca de la sabiduría entre los celtas
En su origen “druida” significaba “aquel que conoce el roble”. Esta perífrasis en la que se relaciona el conocimiento natural con la sabiduría misma, indica hasta qué punto aquel árbol sagrado estaba arraigado en el modo de vida y en la religión celta.
Los testimonios más antiguos que se conservan sobre los druidas se remontan al siglo III antes de nuestra era y corresponden al escritor griego Posidonio; el relato más detallado, sin embargo, se encuentra en las obras de uno de los enemigos más encarnizados del pueblo celta, Julio César.
Según el emperador romano, había en la Galia dos tipos de hombres a los que se tributaban honores: los nobles y los druidas. Los druidas se encargaban de los sacrificios públicos y privados, y muchos jóvenes acudían a ellos para ser instruidos. Juzgaban las querellas privadas y públicas y dictaban sentencias. A quien no acatara la sentencia, se le prohibía asistir a los sacrificios, que era la pena más grave. Entre los druidas se elegía el gran druida, la máxima autoridad, y a su muerte se elegía a otro. Cuando dos de ellos reunían los mismos méritos la elección se realizaba en una asamblea y, a veces, incluso recurriendo a las armas.

Ogham: el alfabeto sagrado
Los druidas iniciaban su formación en la infancia. Ejercían de consejeros de los jefes y tenían conocimientos de medicina, magia y escritura, basada en el alfabeto oghámico, que sólo ellos conocían y que era sagrado. También estaban instruidos en el arte de la poesía, que compartín con los bardos y los filidh, sacerdotes de menor rango, pero que eran muy respetados en la sociedad celta. En la Galia, los filidh eran llamados vates.
Los druidas estaban exentos de pagar tributos y de las actividades guerreras, por lo que muchas familias enviaban a sus hijos a las escuelas druídicas para que fueran druidas: los privilegios que conseguían no eran pocos. Estudiaban astronomía, filosofía natural, derecho, literatura y mitología, y algunos tardaban veinte años en completar su formación. El dogma principal de la doctrina druídica afirmaba que el alma era inmortal y por tanto, tras la muerte, pasaba de un cuerpo a otro. La reencarnación es una creencia inusual en las culturas europeas, lo cual indica la peculiaridad de la religión céltica. La guerra también estaba relacionada con su actividad, ya que, aunque no participaban directamente en la lucha caía bajo su responsabilidad preparar a los guerreros para la batalla, probando en ellos una especie de frenesí bélico.
Los druidas ofrecían sacrificios humanos para curar a los enfermos graves y para proteger a los que arriesgaban su vida en el campo de batalla. Por lo general, los sacrificados eran delincuentes, pero alguna vez se elegían víctimas inocentes para dotar de mayor eficacia al rito. Los emperadores romanos Tiberio y Claudio prohibieron los sacrificios humanos y, según la leyenda, san Patricio -patrón de Irlanda- acabó con ellos en la isla. También se dice que el santo prohibió los ritos que incluían ofrendas a los demonios o el intercambio sexual entre los reyes y la diosa de la soberanía, práctica que, aunque desapareció de los rituales, perduró en la tradición literaria.

De los bosques a los templos
En el período más antiguo de la civilización celta, los ritos druídicos se celebraban en los claros del bosque. Como sabemos, la naturaleza era un elemento crucial en la localización y celebración de sus rituales: el roble sagrado, los ríos (y especialmente sus nacimientos) y los acantilados. En Irlanda quedan muchos restos (sobre todo dólmenes y otras piedras sagradas) en estos agrestes lugares, llamados cliffs, donde los druidas solían reunirse frente al mar y junto a vertiginosos acantilados. Basta con visitar los enclaves de las islas Aran (al oeste de Irlanda) para advertir la influencia de estos cultos antiguos: los lugareños todavía hablan el gaélico, lo cual parece un milagro lingüístico, que la revitalización de la cultura celta en la vecina ciudad de Galway está haciendo cada día más creíble.
Los edificios sagrados (templos) se usaron sólo a partir de la influencia romana. En la Galia, los druidas fueron eliminados bajo el gobierno de Tiberio -entre el 14 y el 37 antes de nuestra era- y probablemente poco después en Bretaña. En Irlanda perdieron sus funciones sacerdotales tras la llegada del cristianismo, pero sobrevivieron como poetas (en gaélico filid), historiadores (senchaidi) y jueces (brithemain). Muchos estudiosos afirman que los brahmanes hindúes en el este y los druidas célticos en el oeste son los últimos supervivientes del antiguo sacerdocio indoeuropeo.
En cuanto a las fuentes en que nos hemos basado a lo largo de los años para conocer la cultura druídica, ya hemos nombrado a Julio César, que tal vez es la máxima autoridad. Pero también es importante la descripción de estos sacerdotes a cargo del filósofo estoico Posidonio. Muchos de los datos que él aporta fueron confirmados siglos más tarde por las sagas medievales irlandesas. Una de estas sagas también ha confirmado el realismo con que César describía en sus textos una asamblea anual de estos sacerdotes para elegir al gran druida. Otro autor clásico que les dedicó diversos pasajes fue Diodoro, quien describió a los druidas como filósofos y teólogos, en contra de la opinión de Tácito, que los acusaba de crueldad y de impulsar los sacrificios humanos. La diversidad de opiniones manifiesta cómo la sabiduría druídica se aplicaba a tantos campos que puede parecer un precedente del Renacimiento italiano.
Como muchos aspectos de la cultura celta (leyenda, música, elementos mágicos, runas), la actividad de los druidas, muchos siglos después de su desaparición, ha perdurado en muchas personas interesadas en lo místico y se ha convertido en tema recurrente de muchos tipos de literatura, desde fascinantes sagas épicas hasta ensayos de divulgación de la magia blanca, pasando por estudios críticos de historia y antropología.

Algunos aspectos de las religiones celta

Deidad principal
Lugh

Paraíso en el más allá
Tir Na N’og
Diosa de la fertilidad
Brigit
Animales sagrados
Ciervo, jabalí, oso, salmón
Arma mágica
Excalibur, en gaélico Caladwyclh (espada de Artús)
Dios del infierno
Cernunnos
Criaturas del bosque
Ninfas, trasgos, duendes
Culto a los muertos

Monumentos megalíticos y puertas (brugh) al otro mundo
Dios maléfico
Balor
Herrero de los dioses
Goffannon
Árbol mágico
Roble
Aguas sagradas
Manantiales y ríos subterráneos
Actividad sagrada
La caza

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